Mi movilidad Erasmus+ para estudios en Praga: Marta Muñoz Medialdea, ESADA
Marta Muñoz Medialdea, alumna del 3er. curso de Diseño de Interiores en ESADA
Movilidad Erasmus+ para estudios en Art & Design Institut en Praga (República Checa) desde septiembre 2025 a enero 2026.

Decidir irme de Erasmus ha sido una de las decisiones más importantes de mi vida universitaria, y elegir Praga como destino fue algo que tuve bastante claro desde el principio. Siempre me había llamado la atención su estética, su historia y el ambiente artístico que transmite la ciudad. Además, me parecía una opción diferente a los destinos más típicos, lo que me motivaba aún más a salir de mi zona de confort y vivir una experiencia realmente nueva.
Una de las grandes ventajas de Praga es su ubicación. Está en el centro de Europa, lo que facilita muchísimo viajar a otros países en tren o autobús. Durante mi estancia pude moverme con facilidad y conocer ciudades increíbles sin gastar demasiado dinero ni tiempo.
Sin embargo, no todo son ventajas. El clima fue uno de los aspectos más duros. Viniendo de Granada, donde el sol forma parte de nuestra rutina, enfrentarme a inviernos tan largos, fríos y con pocas horas de luz fue un cambio importante al que me costó adaptarme.

El choque cultural también fue evidente. En comparación con Granada, los checos son más reservados y serios en el trato. Al principio puede parecer que son distantes, pero con el tiempo entiendes que simplemente tienen otra forma de relacionarse. Sus costumbres son diferentes y su gastronomía fue una de las cosas que más me sorprendió gratamente: platos contundentes, mucho pan, sopas y carnes, muy distintos a nuestra dieta mediterránea, pero que acabaron gustándome más de lo que esperaba, sobre todo los dulces.
En cuanto a la universidad, el Art & Design Institute, mi experiencia fue diferente a la que estaba acostumbrada. La dinámica era bastante autónoma y autodidacta, con una carga de trabajo menor en comparación con España, lo que me permitió organizarme mejor y aprender de una manera más libre. La asistencia era obligatoria y se la tomaban muy en serio, algo que marcaba el ritmo del día a día. Adaptarme al funcionamiento y al ambiente inicial requirió tiempo, pero también fue parte del proceso de aprendizaje que supone vivir una experiencia internacional.

Por otra parte, tuve mucha suerte con el piso. Compartí vivienda con un chico y una chica y la convivencia fue genial. Sentirse cómoda fuera de casa no es fácil, y ellos lo hicieron mucho más llevadero. Al final, el piso se convirtió en un lugar seguro donde descansar, reírnos y sentir que, aunque estuviéramos lejos, teníamos un pequeño hogar en Praga.
Sin duda, lo mejor del Erasmus ha sido la gente que he conocido. Sin ellas, la experiencia no habría sido la misma. Cuando estás lejos de tu familia y amigos, las personas que conoces allí se convierten en tu principal apoyo. Con ellas lo viví todo: viajes, risas, comidas, momentos buenos y también otros más difíciles. Es imposible quedarme con un solo recuerdo, porque todos son especiales, pero sí puedo decir que tuve la suerte de conocer a personas con las que he podido ser mi versión más real.
Recomendaría irse de Erasmus sin dudarlo. No solo por el lugar, sino por todo lo que te hace crecer como persona. Praga me enseñó a adaptarme, a valorar lo que tengo y a disfrutar cada momento, incluso cuando las cosas no son perfectas.














