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Mi movilidad Erasmus+ para estudios en Praga: Mónica Ruiz, ESADA

Mi movilidad Erasmus+ para estudios en Praga: Mónica Ruiz, ESADA
30 Julio 2026

Mónica Ruiz, alumna del 3er. curso de Diseño Gráfico en ESADA

Movilidad Erasmus+ para estudios en SCHOLASTIKA en Praga (República Checa) desde febrero a junio 2026.

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El Erasmus siempre ha sido una experiencia que tenía claro que quería vivir, desde que en la eso me enteré de esta experiencia. Así que cuando tuve la oportunidad de echar la beca en ESADA no dudé un segundo. Decidí finalmente ir a Praga como destino Erasmus porque muchos compañeros de años anteriores habían elegido esa misma ciudad y escuela, y todos hablaban maravillas de su experiencia. Yo ya conocía un poco la ciudad gracias a un viaje que hice con mi familia años atrás, pero aquello no era comparable con todo lo que estaba por venir al convertir esta preciosa ciudad en mi hogar durante cinco meses.

Elegí cursar el segundo cuatrimestre principalmente por cuestiones relacionadas con las asignaturas, pero también porque quería disfrutar del buen tiempo en la capital checa, ya que los inviernos allí son muy fríos y oscuros. Sin embargo, tenía la preocupación de llegar cuando todos los estudiantes ya hubieran formado sus grupos de amigos y sentirme apartada. Por suerte, ocurrió todo lo contrario. Entré en un piso con varias españolas, entre ellas una granadina que llevaba allí desde el primer cuatrimestre. Poco a poco me fueron presentando a sus amigos y, sin darme cuenta, terminé formando parte del grupo. Me sentí acogida desde el primer momento, me lo pusieron todo muy fácil y como siempre les digo tengo muchísima suerte de que ese precisamente fuese mi piso, porque hasta dos semanas antes de irme no lo iba a ser. Pero todo pasa por algo y no podría haber terminado en un sitio mejor.

Con el paso de las semanas fui descubriendo la ciudad y cada día me enamoraba un poco más de sus edificios, sus calles, sus vistas y todo lo que tenía que ofrecer. Praga tiene algo especial que hace que nunca deje de sorprenderte.

En cuanto a las clases, estas se impartían en checo, algo que al principio pensé que sería un gran obstáculo. Sin embargo, el nivel de inglés allí es muy alto y todos los profesores se adaptaron desde el primer momento, traduciéndome las explicaciones mientras daban clase o incluso impartiéndolas completamente en inglés cuando era necesario. Gracias a ello, nunca me sentí diferente al resto de mis compañeros.

A pesar de la fama que tienen los checos de ser personas reservadas o frías, mi experiencia fue totalmente distinta. Desde el primer día, mis compañeros de clase me acogieron con los brazos abiertos, invitándome a tomar algo después de clase y a participar en planes fuera de la escuela. Incluso celebré mi cumpleaños con dos compañeras y me cantaron el "Cumpleaños feliz" en español. Fueron mucho más de lo que podría haber imaginado: no solo excelentes compañeros, sino también grandes amigos.

Además de descubrir Praga, tuve la oportunidad de viajar a países que nunca habría imaginado visitar, como Macedonia, Montenegro o Albania. Gracias a la compañía tan especial con la que compartí esos viajes, todos ellos se convirtieron en experiencias inolvidables, llenas de anécdotas y momentos que recordaré siempre. Y, curiosamente, al terminar cada viaje, cuando solo quería volver a descansar, el lugar al que más deseaba regresar era Praga. Mi nueva casa.

Más allá de todo lo aprendido en el ámbito del diseño junto a grandes profesionales de la escuela, creo que el mayor aprendizaje ha sido el personal. Siempre he sido una persona tímida, a la que le cuesta más tiempo crear conexiones profundas con los demás. Sin embargo, el Erasmus lo cambia todo. Todo se vive con tanta intensidad que, en cuestión de semanas, parece que han pasado meses. Las amistades que nacen allí son diferentes: se convierten en una familia.

Incluso mientras escribo este texto me invade la melancolía al recordar todos y cada uno de los momentos vividos en Praga. Cada día se sentía como una nueva aventura. He aprendido a salir de mi zona de confort, a atreverme, a dejar atrás la vergüenza y a llamar a todas las puertas que hicieran falta hasta encontrar el lugar donde realmente me sintiera como en casa. He descubierto que soy capaz de valerme por mí misma y de enfrentarme a lo desconocido. Para alguien que nunca había vivido fuera de casa, el Erasmus ha supuesto un antes y un después.

Me llevo una nueva casa, una segunda familia, amigos para toda la vida y millones de recuerdos que jamás olvidaré. A veces, estos cinco meses se sienten como un sueño, un sueño del que nunca habría querido despertar. Creo que podía haber imaginado muchas cosas sobre esta experiencia, pero nunca habría sido capaz de imaginar que sería tan maravillosa como terminó siendo. Como se suele decir, "el Erasmus cambia vidas", y después de vivirlo puedo afirmar que no hay frase más cierta.